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miércoles, 1 de marzo de 2017

Plasticidad cerebral

La plasticidad competitiva (las áreas cerebrales compiten, cuanto más se realiza una conducta, el área correspondiente ocupará más porción cerebral y más especializado se volverá) también explica por qué nuestros malos hábitos son tan difíciles de erradicar o «desaprender». (lo que se usa tiende a desarrollarse y avanzar por más y más…. nos volvemos especialistas en eso, aunque sea algo que nos daña.)
La mayoría de nosotros vemos el cerebro como un contenedor y el aprendizaje como el proceso de introducir información en él. Cuando tratamos de eliminar un mal hábito, pensamos que la solución es meter algo nuevo en el contenedor. Pero cuando aprendemos un mal hábito éste ocupa su espacio en el mapa cerebral y cada vez que lo repetimos requiere mayor control de ese mapa e impide el uso de ese espacio para hábitos saludables». (una buena manera es inmovilizar esa conducta un buen tiempo, por ejemplo en el caso de la recuperación del movimiento de un brazo luego de un accidente, atar el brazo hábil al cuerpo para permitir la restauración del brazo dañado! ) Por esa razón el proceso de «desaprender» es a menudo más duro que el de aprender,(implica inmovilizar y aprender y repetir lo nuevo, eso implica un gasto enorme de energía y atención) (por supuesto lo que no se usa tiende a desaparecer, desaprender sería dejar de hacer) y por eso también la educación temprana es tan importante o, dicho de otro modo, es mejor aprender bien pronto antes de que el «mal hábito» adquiera ventaja. (en la temprana infancia hay un período crítico en donde lo aprendido adquiere una fuerza tremenda por eso hay que cuidar los cerebros de los niños mucho mucho, de eso dependerá el futuro). Doidge
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lunes, 31 de octubre de 2016

Mejor no te metas, nada va a cambiar.

El nombre de esta angustia hasta ahora no enfrentada es “impotencia.”
Aparece en cada caso de opresión. Se dramatiza a sí misma en cada ausencia de iniciativa, cada vez que no se actúa frente a la evidencia.
Sabemos desde hace ya cierto tiempo que la verdadera esencia de los seres humanos implica tomar iniciativas y avanzar agresivamente frente a los problemas. Hemos sabido que el comportamiento casi universal de no proceder decisivamente contenía algo equivocado. ¿Qué puede tener de equivocado? Si es algo distinto de la naturaleza inherente a los seres humanos tiene que ser un patrón de angustia. Si es un patrón tiene que ser un patrón crónico muy difundido, casi universal. Y debe ser seguramente un patrón crónico muy fuerte para poder explicar la enorme cantidad de pasividad y apatía existentes en la población de este mundo. ¡Por supuesto! Todos los seres humanos que conocemos (incluidos los más privilegiados), cuando niños/as, debieron sufrir una larga serie de experiencias devastadoras donde tanto su autodeterminación como sus decisiones respecto a la propia conducta se vieron desvalorizadas. Todos/as traemos al nacer la idea de que estamos a cargo de nuestro universo, una plena expectativa de un universo racional y cooperativo esperando por nosotros/ nosotras, preparado para concretar nuestros deseos. Un/ una recién nacido/a no es impotente. Posee una voz muy poderosa. En un ambiente racional esa voz sería suficiente para la inmediata realización de una acción para satisfacer los deseos del/de la infante. Los sentimientos intuitivos que tiene un/a niño/a acerca de estar plenamente a cargo deberían estar de acuerdo a la realidad. Pero el entorno al cual llega el/la recién nacido/a es una pseudo-realidad muy confusa y enmarañada por la angustia. Esperando encontrarse con seres humanos tiene en lugar de ello que enfrentarse con patrones de angustia. Esperando cooperación y amor recibe en lugar de ello desvalorización y oposición. No es sorprendente entonces que cuando haya crecido él o ella sienta profunda y crónicamente que “no hay nada ya que yo pueda hacer,” “no se puede luchar contra el gobierno,” “haré lo que me digan,” o expresiones similares de desaliento, desesperación, apatía y derrotismo. Esta acumulación derrotista de heridas tempranas es en realidad la estructura maligna subyacente en casi todos los patrones de angustia, tanto los patrones de opresión como los de desvalorización individual. Harvey Jackins



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