Mostrando las entradas con la etiqueta sanación de heridas emocionales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta sanación de heridas emocionales. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de junio de 2016

No es necesario que el niño sea severamente abusado, para recibir un trauma.

Hemos observado individuos cuya historia de la familia de origen no fue tan dramática, pero que sin embargo se ven seriamente afectados. Estos individuos provienen de familias narcisistas, en las cuales la disfunción fue pervasiva (invasiva, permeable, penetrante) y, sin embargo, encubierta. 
Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman

(cabe mencionar que a mayor sumatoria de traumas, a mayor cantidad de tiempo y repetición de los mismos,a más adultos significativos disfuncionales que traumatizan, a edad más temprana de las vivencias traumáticas, a mayor soledad o ausencia de testigos amorosos del sufrimiento infantil = mayor disociación y mayor daño interno, en estos casos severos lleva bastante tiempo ir recomponiendo el núcleo verdadero, es posible únicamente paso a paso, el arte y la creatividad es una manera de recomponernos)

martes, 27 de octubre de 2015

Me siento malo, inadecuado, manchado

A medida que se socava su autoestima, la dependencia de un niño crece, y con ella su necesidad de creer que sus padres están ahí para protegerlo y ocuparse dé el.
La única manera de que el niño encuentre un sentido en los agravios emocionales o en el maltrato físico es que asuma la responsabilidad por el comportamiento de un padre o madre así.
Por más que sus padres puedan haberlo agraviado, el hijo sigue teniendo la necesidad de deificarlos. Incluso si uno entiende, en cierto nivel, que sus padres hicieron mal en pegarle, puede seguir creyendo que el maltrato se justificaba. Entender intelectualmente la situación no basta para convencernos emocionalmente de que no éramos responsables.
1. «Yo soy malo y mis padres son buenos.»
2. «Yo soy débil y mis padres son fuertes.»
Éstas son creencias poderosas, capaces de sobrevivir largo tiempo a nuestra dependencia física de nuestros padres. Son creencias que mantienen viva la fe y le permiten a uno evitar el enfrentamiento con la dolorosa verdad: que, en realidad, nuestras deidades parentales nos traicionaron cuando más vulnerables éramos.SUSAN FORWARD


Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


desplegar@hotmail.com