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jueves, 1 de diciembre de 2016

Lo hacemos por tu propio bien y buen desarrollo...

Los adultos miran con escepticismo y temor las consecuencias que podría tener reemplazar los métodos correctivos y "disciplinadores" por uno que parece fomentar la pérdida de la autoridad. Nada más lejos de la realidad: las estrategias de comunicación afectiva son el recurso más infalible para ganar autoridad ante niños y adolescentes. Los adultos (padres, maestros, abuelos) que las practican crecen ante los ojos del niño, quien los mira con admiración v valora sus consejos. Es tan profunda la huella que esta estrategia deja sobre el corazón infantil que décadas más tarde, ese niño, convertido en adulto, practicará esta hermosa técnica con sus hijos, demostrando así el valor transgeneracional de sus bondades. Céspedes Amanda



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miércoles, 14 de octubre de 2015

Yo he incurrido en algunas conductas terribles contra mis hijos.

Y les han causado (y me han causado) un dolor considerable.
Ningún padre o madre puede estar siempre emocionalmente accesible. Es perfectamente normal que los padres les griten en ocasiones a sus hijos, y la mayoría de ellos alguna vez -sólo alguna- les sientan la mano.
(no significa que sea una buena conducta amorosa, para nada, es una descarga de frustración personal!) 
Crees, que estos fallos los convierten en padres crueles o indeseables?
Evidentemente, no. Al fin y al cabo, los padres son humanos, y tienen montones de problemas. Y la mayoría de los niños pueden superar algún que otro estallido de cólera, siempre que normalmente reciban todo el amor y la comprensión necesarios para contrarrestarlos. (hay una diferencia fundamental y es que al cometer errores podemos darnos cuenta, prestar atención al sufrimiento en nuestros hijos y cambiar, reconociendo los errores, hablando del tema abiertamente, permitiendo la crítica y las emociones en todos, sí,en todos los miembros de la familia sin exclusión ) (también hay que tener presente que determinadas conductas violentas son muy dañinas y es preferible pedir ayuda lo antes posible)
Pero hay muchos padres cuyas pautas de comportamiento negativas son constantes y se convierten en una influencia dominante en la vida de un niño. Éstos son los padres a los que nos referimos, los padres que dañan a sus hijos.
Cuando buscaba una expresión para designar lo que tienen en común estos padres que dañan, la idea que me acudía insistentemente a la cabeza era la de un tóxico. Como una toxina química, el daño emocional infligido por padres así va impregnando todo el ser de su hijo, y a medida que el niño crece, también crece el dolor. No se me ocurre mejor palabra que tóxico* para designar el efecto de «esos» padres que sin pausa infligen traumas a sus hijos, maltratándolos y denigrándolos, y que en la mayoría de los casos siguen haciendo lo mismo cuando los hijos ya son mayores. S.FORWARD

jueves, 2 de julio de 2015

Observar la propia violencia.

No me parezco en nada a esos violentos........
Estudiando y entrevistando a quienes emplean la violencia para alcanzar sus objetivos, aprendí hace tiempo que debo encontrar en ellos alguna parte de mí mismo, y lo que es aún más perturbador, encontrar en mí mismo parte de ellos.
Los Antropólogos se han centrado durante mucho tiempo en las distinciones entre la gente, es precisamente el reconocimiento de la igualdad lo que nos permite predecir la violencia con mayor precisión. Por supuesto, aceptar la faceta humana de alguien no significa excusar su conducta. Gavin de Becker





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