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miércoles, 13 de julio de 2016

Adolescentes

“Nuestra tarea es la de animarlos a estar orgullosos de sus esfuerzos y la de insistir en correcciones de curso pero sólo cuando sea absolutamente necesario. Un aliado mantiene buena comunicación y se mantiene fiel y disponible para dar una mano. Un aliado se mantiene alerta para detectar situaciones que podrían convertirse en dificultades. Pero un aliado sólo entra en acción cuando se le pide o existe un peligro obvio”
“Para invitar a nuestro hijo a que nos tenga confianza, es necesario estar atentos, tener un cierto grado de disponibilidad. Para los padres que no están tan ocupados, esto significa pasar tiempo con ellos. Para los padres que sí están muy ocupados significa el compromiso de no estar ocupados durante un determinado tiempo tan a menudo como les sea posible. Este tiempo con nuestro adolescente puede ser viendo el programa de televisión que a él le gusta, o acostarse a leer en el cuarto de su hija mientras ella hace su tarea. Puede significar el estar con nuestra hija en el baño para ver cómo hace su peinado o cómo se pone maquillaje o mostrar interés por el nuevo CD de nuestro hijo” Patty Wipfler



Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


desplegar@hotmail.com



miércoles, 11 de mayo de 2016

Acompañar a los adolescentes.

“Podemos promover la confianza, registrar las ocasiones en que nuestro hijo se siente seguro para hablar con nosotros. Este es uno de los grandes cambios en comparación con la manera en que las cosas ocurren cuando son pequeños. Antes, cualquier momento durante el día servía para conectarse bien. Al llegar a la adolescencia, esto tiene que cambiar. Ahora lo que ellos necesitan son momentos más informales y más intensos para conectarse”
“Una madre notó que a veces cuando ella y su hija estaban juntas en el auto, la hija podía hablar y hasta llorar sobre lo difícil que eran las cosas en la escuela. Una vez que esto pasó, a la madre se le había ocurrido dirigirse hacia un parque en vez de ir directamente a casa. Este desvío le tiempo para que la hija siguiera hablando y llorando en un lugar en el que podía hacerlo: el auto. Estando allí, la atención de la madre no estaba tan fija que podría intimidarla. También funcionaba bien para la madre porque al estar ocupada manejando no podía tratar de “resolverle” los problemas a su hija. Simplemente la escuchaba y le dejaba desahogar los sentimientos que la molestaban. Desde entonces, cada vez que la hija empezaba a hablar cuando iban en el auto, la madre se aseguraba que el viaje durara más de lo normal” Patty Wipfler