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miércoles, 11 de mayo de 2016

Acompañar a los adolescentes.

“Podemos promover la confianza, registrar las ocasiones en que nuestro hijo se siente seguro para hablar con nosotros. Este es uno de los grandes cambios en comparación con la manera en que las cosas ocurren cuando son pequeños. Antes, cualquier momento durante el día servía para conectarse bien. Al llegar a la adolescencia, esto tiene que cambiar. Ahora lo que ellos necesitan son momentos más informales y más intensos para conectarse”
“Una madre notó que a veces cuando ella y su hija estaban juntas en el auto, la hija podía hablar y hasta llorar sobre lo difícil que eran las cosas en la escuela. Una vez que esto pasó, a la madre se le había ocurrido dirigirse hacia un parque en vez de ir directamente a casa. Este desvío le tiempo para que la hija siguiera hablando y llorando en un lugar en el que podía hacerlo: el auto. Estando allí, la atención de la madre no estaba tan fija que podría intimidarla. También funcionaba bien para la madre porque al estar ocupada manejando no podía tratar de “resolverle” los problemas a su hija. Simplemente la escuchaba y le dejaba desahogar los sentimientos que la molestaban. Desde entonces, cada vez que la hija empezaba a hablar cuando iban en el auto, la madre se aseguraba que el viaje durara más de lo normal” Patty Wipfler

martes, 3 de mayo de 2016

Los padres tendemos a dejar de mostrar afecto cuando empieza la adolescencia

 "Se acaban los abrazos y las caricias con los jóvenes. El afecto es una parte indispensable en las relaciones y la confianza entre nosotros y nuestros jóvenes. Los hábitos culturales y los temores que no nos permiten ser afectuosos con los adolescentes crean una soledad e inseguridad que puede ser agobiadora. Si no puede ser afectuoso con los miembros de su propia familia o con sus amigos, a un adolescente que está hambriento de cercanía, el camino que le queda posiblemente sea el de las relaciones sexuales, el abuso de alcohol o la violencia. Y, como ya lo sabemos tan bien, en estos días las relaciones sexuales vienen envueltas en mucha confusión, peligros y desesperación. Pagamos un alto precio por el hábito de negarle a nuestros adolescentes el cariño, los besos, los abrazos y el juego que les dábamos cuando eran niños. De hecho, perdemos contacto con ellos y ellos pierden la evidencia concreta de que todavía los amamos” Patty Wipfler
Agregaría que dar afecto, caricias y abrazos no es intromisión en la intimidad de la otra persona,no se trata de dar afecto cuando yo tengo necesidades de afecto únicamente, sino también de estar disponible y abierto a las necesidades de afecto de nuestros hijos adolescentes, respetando sus formas y tiempos, el verdadero afecto implica respetar los límites y las necesidades del otro.




Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


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