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viernes, 20 de mayo de 2016

El trabajo con los adolescentes, reencontrando lo auténtico

“si en medio de un ataque de emociones nuestro hijo pide que nos vayamos, tenemos que complacerlo hasta cierto punto. Podemos alejarnos pero sin salir de su cuarto, o decirle que lo dejaremos solo durante dos minutos y luego regresaremos para ver cómo está. Pero lo que importa es encontrar la manera de mantenerse a su lado por lo que dure el episodio. O, ¿cómo podrá nuestro hijo deshacerse de lo que le molesta si no hay alguien a quien contarle? De modo que cuando escuchemos... “¡Andate! ¡No te quiero aquí!” tendremos que mantener el equilibrio entre alejarnos un poco para mostrar que le escuchamos y mantenernos lo suficientemente cerca para que los sentimientos puedan seguir saliendo en forma de lágrimas y reproches. Una vez que ha llorado y rabiado, nuestro hijo sentirá un descanso porque ya no tiene que cargar con tanto y estará en mejores condiciones de registrar nuestro amor y nuestra ayuda" Patty Wipfler

Podemos ejercitar la presencia amorosa, sin parlotear tanto, sin sermonear, escucha atenta, liberándonos de las imágenes mentales que impiden ver al otro. Ver al otro y escuchar con interés.





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martes, 3 de mayo de 2016

Los padres tendemos a dejar de mostrar afecto cuando empieza la adolescencia

 "Se acaban los abrazos y las caricias con los jóvenes. El afecto es una parte indispensable en las relaciones y la confianza entre nosotros y nuestros jóvenes. Los hábitos culturales y los temores que no nos permiten ser afectuosos con los adolescentes crean una soledad e inseguridad que puede ser agobiadora. Si no puede ser afectuoso con los miembros de su propia familia o con sus amigos, a un adolescente que está hambriento de cercanía, el camino que le queda posiblemente sea el de las relaciones sexuales, el abuso de alcohol o la violencia. Y, como ya lo sabemos tan bien, en estos días las relaciones sexuales vienen envueltas en mucha confusión, peligros y desesperación. Pagamos un alto precio por el hábito de negarle a nuestros adolescentes el cariño, los besos, los abrazos y el juego que les dábamos cuando eran niños. De hecho, perdemos contacto con ellos y ellos pierden la evidencia concreta de que todavía los amamos” Patty Wipfler
Agregaría que dar afecto, caricias y abrazos no es intromisión en la intimidad de la otra persona,no se trata de dar afecto cuando yo tengo necesidades de afecto únicamente, sino también de estar disponible y abierto a las necesidades de afecto de nuestros hijos adolescentes, respetando sus formas y tiempos, el verdadero afecto implica respetar los límites y las necesidades del otro.




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