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lunes, 19 de septiembre de 2016

Rebeldía reactiva

La conducta rebelde, expresada como negativismo, pataletas, mal talante y confrontación con el adulto, es la expresión visible —la punta del iceberg— de un quiebre pasajero del equilibrio emocional de un niño o un adolescente. Este desequilibrio emocional suele ser provocado por la irrupción de emociones negativas —miedo. rabia— que invaden al niño y se exteriorizan, es decir, se transforman en conductas, cuando no son adecuadamente neutralizadas mediante la reflexión, el autocontrol. el confortamiento afectivo, etc. Cuando las causas que provocan este quiebre de la armonía emocional son permanentes, ineludibles, implacables v crónicas, las emociones negativas ceden paso a sentimientos negativos —ira, encono, odio, frustración, desprecio— duraderos en el tiempo. Se expresan en comportamientos permanentes, estilos conductuales que hemos denominado rebeldía reactiva v son clasificados como trastornos de conducta. Céspedes Amanda



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miércoles, 1 de junio de 2016

Adolescentes, encontrando su propia manera

“Las vidas de nuestros adolescentes les pertenecen a ellos. Su trabajo es el de desarrollar un juicio razonable, tomar la iniciativa para mejorar sus vidas y aprender las habilidades para alcanzar una vida independiente. Nuestro trabajo es sentirnos orgullosos de ellos, no importan cuantas dificultades tengan, y apoyarlos en su esfuerzo por alcanzar sus metas. Nuestro papel parece más apropiado si logramos convertirnos en las personas a quienes ellos pueden recurrir cuando sus vidas están llenas de emociones, de confusión o dificultades. No podemos exigirles que hagan las cosas como las haríamos nosotros, pero podemos estar a su lado cuando luchan por encontrar sus propias soluciones. No podemos protegerlos de todas las dificultades, pero podemos escucharles cuando vienen a casa asustados y derrotados” P Wipfler




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miércoles, 18 de mayo de 2016

Estamos disponibles?

“Pueden transcurrir días o semanas antes de que nuestro hijo adolescente pueda hablar sobre lo que piensa. También puede ocurrir que él perciba como oportuno un tiempo que nosotros no estimamos como el más conveniente. Abrir el corazón como fruto de la confianza no es algo que se pueda programar para que suceda en un momento determinado. Nos toca estar atentos y registrar cuándo nuestro hijo tiene pensamientos en orden y se encuentra listo para hablar. En ese momento tendremos que estar dispuestos a dejar cualquier cosa que estemos haciendo y cambiar planes.” Patty Wipfler


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jueves, 5 de mayo de 2016

Adolescencia=transformación=mucho trabajo interno de los adultos sobre sus asuntos inconclusos y resistencias.

“Es mejor dejarles que ellos decidan qué es lo que quieren conversar con nosotros –si es que quieren-. Aún así, si estamos con nuestro hijo adolescente y tenemos urgencia por hacerle preguntas, es hora de ir a que alguien nos escuche hablar sobre nuestras preocupaciones y angustias. Una vez que hemos podido comunicar nuestros sentimientos que nos perturban estaremos en mejores condiciones de escuchar con atención” Patty Wipfler



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martes, 3 de mayo de 2016

Los padres tendemos a dejar de mostrar afecto cuando empieza la adolescencia

 "Se acaban los abrazos y las caricias con los jóvenes. El afecto es una parte indispensable en las relaciones y la confianza entre nosotros y nuestros jóvenes. Los hábitos culturales y los temores que no nos permiten ser afectuosos con los adolescentes crean una soledad e inseguridad que puede ser agobiadora. Si no puede ser afectuoso con los miembros de su propia familia o con sus amigos, a un adolescente que está hambriento de cercanía, el camino que le queda posiblemente sea el de las relaciones sexuales, el abuso de alcohol o la violencia. Y, como ya lo sabemos tan bien, en estos días las relaciones sexuales vienen envueltas en mucha confusión, peligros y desesperación. Pagamos un alto precio por el hábito de negarle a nuestros adolescentes el cariño, los besos, los abrazos y el juego que les dábamos cuando eran niños. De hecho, perdemos contacto con ellos y ellos pierden la evidencia concreta de que todavía los amamos” Patty Wipfler
Agregaría que dar afecto, caricias y abrazos no es intromisión en la intimidad de la otra persona,no se trata de dar afecto cuando yo tengo necesidades de afecto únicamente, sino también de estar disponible y abierto a las necesidades de afecto de nuestros hijos adolescentes, respetando sus formas y tiempos, el verdadero afecto implica respetar los límites y las necesidades del otro.




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viernes, 29 de abril de 2016

Adolescentes: la búsqueda de su propia voz.

“Dejémosle que sea él quien dirija la conversación. 
No lo interrumpamos con nuestras propias preocupaciones y molestias. Ahora le toca hablar a él. Está tratando de resolver situaciones que le preocupan o interesan. No es necesario que le demos soluciones. Vivimos con la ansiedad de que puedan resolver rápido y eficazmente sus problemas. Pero hay procesos que son penosos y llevan tiempo. Esto difícilmente sucede si les damos consejos. Lo que él necesita es la seguridad de que lo amamos y estamos orgullosos porque sabemos que él encontrará soluciones inteligentes. Esta actitud de respeto hacia él es mucho más útil que cualquier consejo que queramos darle” Patty Wipfer




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martes, 5 de abril de 2016

Revelar la verdad, las adolescentes se rebelan

La pubertad enfrenta al adolescente, muchas veces en forma totalmente inesperada, con la intensidad de sus verdaderos sentimientos que, durante el periodo de lactancia, había logrado mantener a distancia. Al producirse el inicio biológico del crecimiento, estos sentimientos (rabia, ira, rebeldía, enamoramiento, deseos sexuales, entusiasmo, alegría, encantamiento, duelo) quieren ser vividos plenamente, cosa que supondría en muchos casos un peligro para el equilibrio psíquico de los padres. […] No cabe duda de que nuestra sociedad sólo podría ofrecer un hospital psiquiátrico al Hamlet de Shakespeare o al Werther de Goethe, y el Karl Moor de Schiller correría tal vez idéntico peligro. De ahí que el drogadicto intente adaptarse a la sociedad combatiendo sus verdaderos sentimientos; pero, como no puede vivir del todo sin ellos ante la acometida de la pubertad, tratará de recuperarlos con ayuda de la droga, cosa que –siquiera al comienzo- parece conseguir. Pero la actitud de la sociedad, representada por los padres e internalizada tiempo atrás por el adolescente, habrá de prevalecer finalmente: vivir sentimientos fuertes e intensos lleva a ser despreciado, al aislamiento, a la expulsión y al peligro de muerte, es decir, a la autodestrucción. Alice Miller



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