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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Sentirnos invisibles

Entonces -dije a Glenn-, tú estabas bien siempre que no te vieran ni te oyeran. ¿Cómo te sentías siendo invisible?» Su expresión se volvió dolorosa al recordar:
Desde muy temprano, el mensaje que recibió Glenn fue que, para sus padres, su existencia era más bien una molestia que una bendición. Su invisibilidad emocional se vio reforzada por el hecho de que era lo que con más seguridad lo protegía de los frecuentes actos de violencia del padre. He aquí uno de sus recuerdos: cada vez que yo hablaba, mi padre me humillaba. Si me atrevía a levantarle la voz, me pegaba. No me llevó mucho tiempo aprender a no irritarlo. Si llegaba a oponerme a mi madre, ella empezaba a lloriquear como un bebé, y después él se enfurecía y le pegaba a alguien con el cinto. Entonces yo me sentía doblemente mal por el lío que había causado. Así aprendí a pasar todo el tiempo posible fuera de casa. SUSAN FORWARD


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viernes, 2 de septiembre de 2016

Sacar la basura regularmente

“necesitaremos trabajar tan duro en nuestros propios sentimientos como nuestro hijo en los suyos. Porque también nosotros, una vez que hemos hecho el gran trabajo de escuchar, necesitamos a otro adulto que nos escuche para que podamos echar fuera en todo aquello que nos sentimos culpables, rechazados o desvalorizados” P WIPFLER,



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martes, 24 de mayo de 2016

Que suerte que muchos adolescentes no fueron lo suficientemente dañados para utilizar todavía sus propios recursos naturales de sanación! Podremos los adultos abrirnos nuevamente al proceso natural?

“Una buena oportunidad para reír, llorar, enojarse, temblar o sudar las emociones, permite sacar de su mochila los sentimientos y ayuda a restaurar el buen juicio. Para darle a un adolescente esta oportunidad, alguien tiene que escucharlo permitiéndole manifestar estos sentimientos sin avergonzarlo, juzgarlo, culparlo ni interrumpirlo. Este proceso que la gente joven utiliza para volver a pensar bien ha sido mal entendido en casi todas las culturas y generaciones. Se le ha tomado como “debilidad de carácter”, “dramatización”, “falta de control”. En realidad, una persona que está llorando, rabiando o riendo está haciendo uso de una habilidad natural para deshacerse de sentimientos perturbadores por medio del desahogo” Patty Wipfler



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miércoles, 11 de mayo de 2016

Acompañar a los adolescentes.

“Podemos promover la confianza, registrar las ocasiones en que nuestro hijo se siente seguro para hablar con nosotros. Este es uno de los grandes cambios en comparación con la manera en que las cosas ocurren cuando son pequeños. Antes, cualquier momento durante el día servía para conectarse bien. Al llegar a la adolescencia, esto tiene que cambiar. Ahora lo que ellos necesitan son momentos más informales y más intensos para conectarse”
“Una madre notó que a veces cuando ella y su hija estaban juntas en el auto, la hija podía hablar y hasta llorar sobre lo difícil que eran las cosas en la escuela. Una vez que esto pasó, a la madre se le había ocurrido dirigirse hacia un parque en vez de ir directamente a casa. Este desvío le tiempo para que la hija siguiera hablando y llorando en un lugar en el que podía hacerlo: el auto. Estando allí, la atención de la madre no estaba tan fija que podría intimidarla. También funcionaba bien para la madre porque al estar ocupada manejando no podía tratar de “resolverle” los problemas a su hija. Simplemente la escuchaba y le dejaba desahogar los sentimientos que la molestaban. Desde entonces, cada vez que la hija empezaba a hablar cuando iban en el auto, la madre se aseguraba que el viaje durara más de lo normal” Patty Wipfler