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lunes, 3 de octubre de 2016

La necesidad de superar la fobia a la experiencia interna

La mayoría de las personas piensan que las fobias consisten en miedos o evitaciones de algo externo, como arañas, alturas, etc. Pero algunas personas pueden igualmente estar aterrorizadas de sentimientos como la rabia o la tristeza, de un pensamiento o un deseo, de una predicción de de que si intentan algo nuevo fracasarán, o incluso de sensaciones físicas como el latido rápido del corazón y la dificultad de respirar que acompaña al pánico. Dicha fobia a la experiencia interna puede conllevar vergüenza o disgusto, además del miedo.[..]
Es totalmente comprensible que pueda querer evitar determinadas experiencias internas, que se hallan relacionadas con acontecimientos traumáticos del pasado. Sin embargo, la sanación requiere que trabaje usted estas experiencias internas con el objeto de entenderlas y cambiarlas. Y no puede usted cambiar lo que evita o desconoce.
Aunque pueda ser difícil, es fundamental que aprenda a aceptar, comprender, regular y vivir sus experiencias internas.[..] Boon y Steele



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martes, 24 de noviembre de 2015

El control parental

La palabra «control» no encierra necesariamente un sentido negativo. Si una madre vigila al niño que hace pinitos en vez de dejarlo salir solo a la calle, no
decimos que es controladora; la llamamos prudente. Está ejerciendo un control acorde con la realidad, motivado por la necesidad que tiene su hijo de que lo protejan y lo guíen. .
Un control adecuado se convierte en excesivo cuando la madre sigue vigilando a su hijo diez años después, mucho después de que el niño es capaz de atravesar la calle solo.
Los niños a quienes no se estimula a hacer, a explorar, a dominar y a arriesgarse al fracaso suelen sentirse desvalidos y fuera de lugar. Sobre controlados por padres angustiados y temerosos, es frecuente que estos niños se vuelvan a su vez angustiados y temerosos. Esto dificulta su maduración. A su paso por la adolescencia y a la edad adulta, muchos de ellos no superan jamás la necesidad de seguir contando con la orientación y el control de los padres.
Como resultado de ello, éstos siguen invadiéndolos y manipulándolos, y con frecuencia dominan toda su vida.
El miedo de que ya no los necesiten motiva a muchos padres controladores para que perpetúen en sus hijos este sentimiento de impotencia. Son padres que tienen un miedo enfermizo al «síndrome del nido vacío», el inevitable sentimiento de pérdida que acomete a todos los padres cuando finalmente sus hijos se van de casa. Es tan grande la parte de su identidad que el padre o madre controlador tiene puesta en el rol parental, que cuando el hijo se independiza se siente traicionado y abandonado.
Lo que hace tan insidioso a un padre o madre controlador es que la dominación viene generalmente disfrazada de preocupación. Frases como «Te lo digo por tu bien» o «Esto lo hago sólo por ti», lo mismo que «... sólo porque te quiero tanto...» significan todas lo mismo: «Si te hago esto es porque tengo tanto miedo de perderte que estoy dispuesto a hacer de ti un desdichado».SUSAN FORWARD






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jueves, 13 de agosto de 2015

La Humanidad huye del dolor.....


Mientras más temprano ocurre la: represión, más destructivas son las emociones reprimidas. Estas emociones que no han sido expresadas son lo que yo denomino dolor original". El rescatado dolor original pretende re experimentar estos traumas iniciales y expresar las emociones reprimidas. Una vez que esto se logra, la persona ya no tiene que actuar ni interior ni exteriormente las emociones reprimidas. JOHN BRADSHAW






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viernes, 29 de mayo de 2015

La enfermedad del adulto y el sufrimiento infantil

Las emociones como el miedo o la rabia que se reprimen en la infancia permanecen almacenadas en nuestro cuerpo y pueden provocarle al adulto síntomas más o menos graves. Así estas personas pueden padecer, depresiones, ataques de pánico,o reaccionar con violencia ante sus hijos, pero nunca son conscientes de las verdaderas causas, la desesperación el miedo o la rabia, de estas dolencias.
Si fuésemos capaces de reconocer estás causas no enfermaríamos , porque sabríamos que nuestra madre o nuestro padre ya no tiene autoridad sobre nosotros y ya no nos puede pegar.
En la mayoría de los casos no conocemos los orígenes de nuestros sufrimientos , porque una completa amnesia oculta el recuerdo de las palizas recibidas, para, en primer lugar, proteger el cerebro del niño.
Pero esta amnesia es nefasta porque se convierte en crónica, y nubla nuestra orientación.
A pesar que nos protege de los recuerdos, no puede defendernos de los síntomas más graves, como por ejemplo, el miedo, que nos advierten una y otra vez de peligros que ya no existen.
Estos peligros eran reales antes, por ejemplo cuando la madre pegaba a la niña de seis meses para enseñarle a ser obediente. Como los demás la niña sobrevive a estos azotes, pero a la edad de 46 años padece quizás problemas de corazón. Alice Miller





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