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miércoles, 1 de marzo de 2017

Trabajando el miedo y el congelamiento

Para deshacer esa maraña de miedo y parálisis, debemos ser capaces de confrontarlas el tiempo suficiente para que se nuevan y cambien. Para resistirse a la táctica defensiva inmediata de evasión, la estrategia más potente es moverse hacia el miedo, conectarse con la inmovilidad misma y explorar conscientemente las variadas sensaciones, texturas, imágenes y pensamientos asociados con cualquier incomodidad que pueda surgir. Peter Levine


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lunes, 3 de octubre de 2016

La necesidad de superar la fobia a la experiencia interna

La mayoría de las personas piensan que las fobias consisten en miedos o evitaciones de algo externo, como arañas, alturas, etc. Pero algunas personas pueden igualmente estar aterrorizadas de sentimientos como la rabia o la tristeza, de un pensamiento o un deseo, de una predicción de de que si intentan algo nuevo fracasarán, o incluso de sensaciones físicas como el latido rápido del corazón y la dificultad de respirar que acompaña al pánico. Dicha fobia a la experiencia interna puede conllevar vergüenza o disgusto, además del miedo.[..]
Es totalmente comprensible que pueda querer evitar determinadas experiencias internas, que se hallan relacionadas con acontecimientos traumáticos del pasado. Sin embargo, la sanación requiere que trabaje usted estas experiencias internas con el objeto de entenderlas y cambiarlas. Y no puede usted cambiar lo que evita o desconoce.
Aunque pueda ser difícil, es fundamental que aprenda a aceptar, comprender, regular y vivir sus experiencias internas.[..] Boon y Steele



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martes, 27 de septiembre de 2016

Los muertos vivos...

Rabia/contraataque es una de las consecuencias de la inmovilidad repetitiva inducida por el miedo; la otra es la muerte. La muerte puede ocurrir, por ejemplo, cuando el gato insiste en volver a capturar el ratón (se imaginan lo que ocurre en el cerebro de un niño repetidas veces traumatizado por sus figuras de apego???), repitiendo el ciclo muchas veces. El gato sacude a su presa hasta que el ratón pasa finalmente a la inmovilidad tan profundamente que muere, a pesar de no estar lastimado. Si bien sólo pocos humanos mueren realmente por miedo, los individuos crónicamente traumatizados pasan por los movimientos de vivir sin sentirse realmente vitales ni conectados con la vida. Ese tipo de individuos están vacíos hasta la esencia de su ser. "Camino" dijo una sobreviviente de una violación por una pandilla, "pero ya no soy la misma...estoy vacía y fría...también podría estar muerta,", me dijo en una primera sesión.
La inmovilidad crónica causa la esencia de los síntomas emocionales del trauma: entumecimiento, desconexión, sensación de estar atrapado, impotencia, depresión, miedo, terror, rabia y desesperanza. La persona sigue temerosa, incapaz de imaginarse a salvo de un enemigo (interno) que nunca se acaba e incapaz de volverse a conectar con la vida. Los sobrevivientes de traumas severos y prolongados (crónicos) describen sus vidas como la de una persona "muerta en vida" Peter Levine

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viernes, 2 de octubre de 2015

Pararse y sostenerse a sí mismo

En realidad, la terapia de Kathy estaba todavía en sus fases iniciales. El verdadero terror que sentía día tras día todavía estaba presente. El terror de ser realmente ella misma. Al reconocer que su madre la había dominado por completo, Kathy tuvo que afrontar el interrogante de por qué había permitido que sucediera. Al rechazar el dominio de su madre, Kathy debía establecer sus propios valores y tomar sus propias decisiones, lo cual le imponía mucho temor. Era más seguro dejar que su madre tomara las decisiones; mucho más sencillo adoptar sus valores y los de la Iglesia. Dirigir ella misma su propia existencia requería mucho más trabajo. Más adelante diría: —Fíjese, por nada del mundo me volvería a ser la persona que era antes y, sin embargo, a veces añoro aquellos días. Mi vida era más fácil entonces. Por lo menos, en cierto modo. M. Scott Peck



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viernes, 12 de junio de 2015

Cuando el peligro se encuentra en el hogar

En este caso, cuando la persona se cría incapaz de confiar en la estabilidad, la seguridad, la igualdad en el mundo propio, entonces se cría desconfiando de sus propios sentimientos, percepciones y valor.

Cuando uno se cría como un ser reactivo-reflectivo, uno no ha aprendido las habilidades necesarias para llevar una vida satisfactoria; existe una necesidad crónica de gustar, una incapacidad para identificar sentimientos, necesidades, deseos y una necesidad de validación constante. Este grupo de personas tienen muchas dificultades para ser asertivos y privadamente sienten una especie de rabia penetrante, la cual tienen miedo que saliera a la superficie. Se sienten, por lo general, muy enojados, pero muy fácil de derrotar. Sus relaciones interpersonales se caracterizan por falta de confianza y sospecha al borde de la paranoia, intercambiados -a veces- con episodios desastrosos de una apertura y confianza total y falta de juicio. Se sienten crónicamente insatisfechos, pero estaban llenos de miedos de ser percibidos como caprichosos o quejumbrosos, si expresaban sus verdaderos sentimientos.


Muchos de ellos pueden retener su rabia por períodos extremadamente largos, pero luego explotan en asuntos relativamente insignificantes. Tienen un sentimiento de vacío e insatisfacción en cuanto a lo que lograban.


Y no es necesario que su caso sea el de una familia narcisista abierta, esto es, no es necesario que exista un abuso abierto u obvio: problemas de droga, abuso de alcohol, incesto, y comportamientos agresivos de todo tipo. La familia, en realidad, puede parecer que funciona bastante bien, el problema es que –como en la mayoría de los casos- las disfunciones son mucho más sutiles, ya que se espera que los hijos satisfagan las necesidades de los padres.


Pero, en la búsqueda de superar los traumas, no podemos cambiar en lo absoluto nuestro pasado, ni anular los daños que nos hicieron en nuestra infancia. Sin embargo, nosotros sí podemos cambiar, “repararnos", recuperar nuestra identidad perdida. Y podemos hacerlo en la medida que podamos observar más de cerca el saber almacenado en nuestro cuerpo sobre lo ocurrido en el pasado y aproximarlo a nuestra conciencia. Esta vía es, sin duda, incómoda, pero es la única que nos ofrece la posibilidad de abandonar por fin la cárcel invisible, y sin embargo tan cruel, de la infancia, y dejar de ser víctimas inconscientes del pasado para convertirnos en seres responsables que conozcan su historia y vivan con ella.

La mayoría de la gente hace justo lo contrario. No quieren saber nada de su propia historia, y, por consiguiente, tampoco saben que, en el fondo, se hayan constantemente determinados por ella, porque siguen viviendo en una situación infantil no resuelta y reprimida. No saben que temen y evitan peligros que en algún momento fueron reales, pero dejaron de existir hace tiempo. Son personas que actúan impulsadas tanto por recuerdos inconscientes como por sentimientos y necesidades reprimidas que, a menudo y mientras permanezcan inconscientes e inexplicadas, determinarán de forma pervertida casi todo lo que hagan o dejen de hacer.

A lo largo de toda la vida posterior de esta persona, estos sentimientos podrán resurgir como una reclamación al pasado pero sin que el contexto original resulte comprensible. Descifrar su sentido sólo es posible cuando se logra la unión de la situación originaria con los intensos sentimientos revividos en el presente.

Si una persona ha debido ocultar, reprimir o postergar sus necesidades, para adaptarse a la de los padres, entonces esas necesidades se agitarán en las profundidades de su inconsciente y exigirán ser satisfechas siendo adulto, mediante irracionales sensaciones de abandono, dolor y desesperación.

La experiencia de la propia verdad y su conocimiento postambivalente posibilitan en una fase adulta el retorno al propio mundo afectivo… sin paraíso, pero con la capacidad de sentir el duelo, que nos devuelve nuestra vitalidad y nos protege. Alice miller




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miércoles, 10 de junio de 2015

Una buena noticia sobre los miedos!!

Los miedos son aprendidos, no nacimos temerosos y desconfiados, llegamos al mundo con confianza, plenitud y apertura. Es decir, enteramente predispuestos al amor.

Nos inculcan temores y, si lo deseamos, podemos aprender a librarnos de ellos. Karl A. Menninger



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viernes, 5 de junio de 2015

Preocupación y miedo

En Inteligencia emocional Daniel Goleman llega a la conclusión de que preocuparse es una especie de ¨amuleto mágico¨ que algunas personas creen que aparta del peligro. Creen que preocuparse por algo impedirá que se produzca. Además, apunta correctamente que la mayoría de las cosas por la que la gente se preocupa tienen poca probabilidad de suceder, ya que en las cosas en que probablemente van a suceder tenderemos a pasar a la acción. Esto quiere decir que muy a menudo el mero hecho de estar preocupados por algo es un elemento de predicción de que ese algo tiene poca probabilidad de suceder.




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jueves, 7 de mayo de 2015

El miedo

Había una vez una joven guerrera. Su profesora le dijo que tenía que luchar con el miedo, pero ella no quería hacerlo. Le parecía algo demasiado agresivo, temerario; le parecía poco amistoso. Pero la profesora insistió y le dio las instrucciones para su batalla. Llegado el día, la estudiante estaba de pie en un lado y el miedo estaba al otro lado. La guerrera se sentía muy pequeña y el miedo parecía muy grande e iracundo. Ambos tenían asidas sus armas. La joven guerrera se levantó, fue hacia el miedo, se postró tres veces ante él y le preguntó: «¿Me das permiso para entrar en esta batalla contigo?» El miedo dijo: «Gracias por mostrar tanto respeto al pedirme permiso.» La joven guerrera volvió a preguntar: «¿Cómo puedo derrotarte?» Y el miedo replicó: «Mis armas son que hablo muy rápido y me sitúo muy cerca de tu cara. Entonces te pones muy nerviosa y haces lo que te digo. Si no hicieses lo que te digo, no tendría ningún poder. Puedes escucharme y puedes respetarme, puedo incluso convencerte con mis argumentos; pero si no haces lo que te digo, no tengo poder.» De esta forma la estudiante guerrera aprendió a derrotar al miedo. Pema Chodron



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