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jueves, 3 de marzo de 2016

La finalidad de la vida es ser vivida.

Al “practicar” el ejercicio de “asentarse” (enraizarse en el hara o centro ) es como si uno viera preparado una buena comida y una buena cama. Sólo que el buen cocinero y el buen colchón están en nosotros mismos. Al practicar el “asentarse” es como si, en verano, se sintiera la brisa de un viento fresco y agradable, o como si, en invierno, se estuviera sentado junto a un buen fuego. Pero, una vez más, el viento fresco y la chimenea, están en nosotros mismos. Osaka.




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lunes, 15 de junio de 2015

Mejor me quedo donde estoy

Obtener logros y luego perderlos puede ser más doloroso que el hecho de no lograr nada, y es por esta razón que muchos hijos de padres narcisistas hacen tan poco. Funcionar apenas nos defiende de las pérdidas. Nos han enseñado a sentirnos responsables por el destino, en lugar de hacer lo que podamos y dejar que los resultados sean los que deben ser. E. Golomb





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miércoles, 10 de junio de 2015

Una buena noticia sobre los miedos!!

Los miedos son aprendidos, no nacimos temerosos y desconfiados, llegamos al mundo con confianza, plenitud y apertura. Es decir, enteramente predispuestos al amor.

Nos inculcan temores y, si lo deseamos, podemos aprender a librarnos de ellos. Karl A. Menninger



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jueves, 30 de abril de 2015

Abrirnos plenamente

Ábrase a todas las emociones, personas y situaciones con las que se encuentre.Entonces experimentará por sí mismo la enseñanza que nadie podrá enseñarle nunca. Pema Chödrön

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El sufrimiento

El sufrimiento que solemos experimentar en nuestra infancia cuando no somos respetados ni amados es tan intenso que acabamos contrayéndonos y desconectándonos de la apertura primordial de nuestro ser. J.Welwood


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miércoles, 22 de abril de 2015

Víctimas de maltrato infantil, proceso de sanación

En la actualidad algunas de las antiguas víctimas de malos tratos infantiles buscan terapias para liberarse de las consecuencias de esos malos tratos. Pero, al igual que ellas, sus terapeutas temen a menudo conocer la verdad de la infancia; de ahí que la liberación se logre en muy pocos casos. A lo sumo, a corto plazo se produce una mejoría de los síntomas si se le posibilita al paciente vivir sus emociones; podrá sentirlas, expresarlas en presencia de otro, algo que antes nunca le estuvo permitido.
Casi todas las instituciones contribuyen a esta huida de la verdad. Son dirigidas por personas, y a la mayoría de las personas les da miedo la palabra infancia. Este miedo se halla en todas partes, en las consultas de los médicos y los psicoterapeutas, en los despachos de los abogados, en los tribunales y, no en menor medida, en los medios de comunicación. Alice Miller



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martes, 7 de abril de 2015

El padre ausente....herida emocional de abandono.




Lenta y dolorosamente, empecé a afrontar la rabia y el dolor que sentía por mi alcohólico y abusivo padre que nunca estaba cuando lo necesitaba. Aunque me había convencido a mí mismo de que no me importaba, lo odiaba. Intentaba hacer todo justo al contrario de cómo lo había hecho él, y hacía todo lo posible para no ser como él. Lo cierto es que, en muchos aspectos, ambos éramos uno solo y el mismo. Noté que una nueva energía estaba creciendo y manifestándose por primera vez: una energía masculina que al principio sería muy extraña e incómoda. Empecé a fijarme más en mi cuerpo, pero no de forma narcisista, sino más bien prestando atención a los pequeños dolores y la tensión. Una profunda tristeza comenzó a apoderarse de mí al darme cuenta de que no había sido consciente de mi cuerpo desde la infancia. La rabia estaba emergiendo, lo cual era muy aterrador y muy necesario. John lee
Podemos repetir como adultos la conducta de abandono sufrida en nuestra infancia hacia nuestros hijos, nuestra pareja, nosotros mismos, e incluso realizar las mismas conductas adictivas que nuestro padre tenía, identificándonos con él. Es una manera de salvar e idealizar a un padre que se ausentó ,desde sus propias heridas no resueltas, también él fue abandonado antes. Nos abandonamos y destruimos y así no cuestionamos al padre sino que somos nosotros los que estamos mal, justificamos así el abandono, nos decimos que nos abandonó por nuestra culpa, somos malos, feos, poco merecedores de amor, hicimos muchas cosas mal,nos cargamos todo el peso y no vemos que un niño es víctima y nunca es responsable. A menos claro que maduremos y enfrentemos el dolor guardado y su verdad, en ese caso la idealización cae y aparece todo, todo, todo el dolor...... luego experimentamos quienes somos realmente.


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miércoles, 18 de marzo de 2015

Nunca es fácil admitir los errores.

Creo que esta capacidad, como muchas otras, la adquirimos en la infancia y después la podemos seguir desarrollando. Si de pequeños no nos riñen por nuestros errores y nos explican con cariño las cosas inadecuadas e, incluso, peligrosas de nuestra conducta, podremos notar el arrepentimiento de manera espontánea e integrar la experiencia de que el ser humano no es infalible. En cambio, cuando los padres nos castigan por el más mínimo error, nos están transmitiendo el conocimiento de que confesar el propio fracaso es arriesgado porque ello nos arrebatará el amor de los padres. Esta experiencia puede dejarnos un legado de miedos y sentimientos de culpa permanentes. Alice Miller



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