La personalidad es un conjunto de partes o yoes que se formaron a medida que nos desarrollamos en nuestra temprana infancia, son recursos valiosos siempre que los aceptemos y no se apoderen del mando de la totalidad de la persona, ninguna parte, de manera excluyente, sino más bien que exista movimiento y alternancia consciente. La auto observación permite conocer esas distintas partes, amarlas, sí, amarlas, ya que nos permitieron sobrevivir en un momento de mucha vulnerabilidad, y saber en que momento es apropiada o no su acción en el mundo en nuestra vida actual.Tienen gran sabiduría, es nuestra sabiduría práctica, son un recurso disponible siempre que aprendamos a relacionarnos con cada una. Suelen ser muy fuertes e insistentes si tienen reprimida emociones fuertes, no nos olvidemos que son respuestas defensivas frente a el dolor, y se hacen más armónicas al liberarlas de la carga represiva. Cada parte de nosotros se formó en respuesta a un contexto y personas que nos criaron, las partes vinculadas a heridas emocionales profundas suelen causarnos problemas en nuestra vida adulta si no las reconocemos y las escuchamos, hay un gran aprendizaje que lleva toda una vida en amar cada parte, reconocerlas, aceptarlas, abrazarlas y permitir que digan la verdad sin restricciones, sin castigos, sin maltrato. Con aceptación y ternura. Podemos ser adultos amorosos que caminan junto a las pequeñas partes, las escuchamos, les prestamos atención, a sus distintas necesidades y deseos, calmamos con suavidad y paciencia, les damos espacio para que expresen con libertad. Cuando llora una parte, no le decimos, cállate no me molestes, haríamos eso con un bebé? por el contrario la abrazamos y la calmamos escuchando su necesidad.
En la actualidad algunas de las antiguas víctimas de malos tratos infantiles buscan terapias para liberarse de las consecuencias de esos malos tratos. Pero, al igual que ellas, sus terapeutas temen a menudo conocer la verdad de la infancia; de ahí que la liberación se logre en muy pocos casos. A lo sumo, a corto plazo se produce una mejoría de los síntomas si se le posibilita al paciente vivir sus emociones; podrá sentirlas, expresarlas en presencia de otro, algo que antes nunca le estuvo permitido. Casi todas las instituciones contribuyen a esta huida de la verdad. Son dirigidas por personas, y a la mayoría de las personas les da miedo la palabra infancia. Este miedo se halla en todas partes, en las consultas de los médicos y los psicoterapeutas, en los despachos de los abogados, en los tribunales y, no en menor medida, en los medios de comunicación. Alice Miller