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lunes, 5 de diciembre de 2016

viernes, 11 de noviembre de 2016

Podemos cambiar

En la búsqueda de superar los traumas, no podemos cambiar en lo absoluto nuestro pasado, ni anular los daños que nos hicieron en nuestra infancia. Sin embargo, nosotros sí podemos cambiar, “repararnos", recuperar nuestra identidad perdida. Y podemos hacerlo en la medida que podamos observar más de cerca el saber almacenado en nuestro cuerpo sobre lo ocurrido en el pasado y aproximarlo a nuestra conciencia. Esta vía es, sin duda, incómoda, pero es la única que nos ofrece la posibilidad de abandonar por fin la cárcel invisible, y sin embargo tan cruel, de la infancia, y dejar de ser víctimas inconscientes del pasado para convertirnos en seres responsables que conozcan su historia y vivan con ella. La mayoría de la gente hace justo lo contrario. No quieren saber nada de su propia historia, y, por consiguiente, tampoco saben que, en el fondo, se hayan constantemente determinados por ella, porque siguen viviendo en una situación infantil no resuelta y reprimida. No saben que temen y evitan peligros que en algún momento fueron reales, pero dejaron de existir hace tiempo. Son personas que actúan impulsadas tanto por recuerdos inconscientes como por sentimientos y necesidades reprimidas que, a menudo y mientras permanezcan inconscientes e inexplicadas, determinarán de forma pervertida casi todo lo que hagan o dejen de hacer. S Donaldson-Pressman, R M. Pressman



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viernes, 4 de noviembre de 2016

Trauma

El trauma surge cuando las respuestas humanas de inmovilidad no se resuelven; es decir, cuando uno no puede hacer la transición de regresar a la vida normal y la reacción de inmovilidad se vuelve crónicamente asociada al miedo y otras emociones negativas intensas como terror, repugnancia o impotencia. Una vez que se establece dicha asociación, las sensaciones físicas de inmovilidad evocan miedo por sí mismas. Un individuo traumatizado ha quedado condicionado a ser temeroso ante sus sensaciones (físicas) internas que ahora generan el miedo que agranda y profundiza (potencia) la parálisis. El miedo engendra parálisis y el miedo ante las sensaciones de parálisis engendra más miedo, fomentando una parálisis aún más profunda. De esa manera una reacción de adaptación normalmente limitada en el tiempo se vuelve crónica e inadaptada, El circuito de retroalimentación se cierra a sí mismo. En esa espiral descendiente nace el vórtice del trauma. Peter Levine



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viernes, 5 de agosto de 2016

Trauma transgeneracional

Los traumas que no han podido superarse pueden tener un efecto en las generaciones posteriores. Esto lo sabemos a raíz de las investigaciones que se realizaron a los hijos y nietos de victimas del Holocausto.
Esta transmisión a los hijos se materializa a través de la introyección de aquellos padres traumatizados. Katherina Drexler



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