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viernes, 15 de abril de 2016

Una sociedad pensada para los niños

Nuestros niños vienen al mundo esperando encontrarlo seguro y bondadoso. Con toda la confianza de sus corazones esperan que los adultos los aprecien, que van a disfrutar de su compañía, que los van a tratar con bondad y que les darán asistencia cuando la necesiten. Desdichadamente, han llegado a un mundo que aún no responde a esas expectativas. Tienen padres rendidos que deben trabajar todo el tiempo. Tienen maestros agobiados por el gran número de niños que compiten por su atención. La batalla contra el maltrato que sufren no es algo nuevo para los adolescentes. Durante más de una década, muchos de ellos siendo niños, han vivido la experiencia diaria de no ser suficientemente valorados por los adultos y la sociedad. Esto cobra mayor significado cuando son los mismos padres los que no los comprenden o no les dan el espacio suficiente para expresar sus opiniones y deseos. Se les ha criado, pero al mismo tiempo muchas veces se les ha hecho a un lado. P. Wipfler


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miércoles, 6 de abril de 2016

NO HAY FINALES DE CUENTO DE HADAS

Los finales de cuento de hadas son raros en las familias de alcohólicos. En el mejor de todos los mundos posibles, los padres asumirían plenamente la responsabilidad por el hecho de beber, iniciarían un tratamiento y se recuperarían, volviendo a la sobriedad. Validarían y reconocerían los horrores de la niñez de sus hijos y harían el intento de convertirse en padres amantes y responsables.
Por desdicha, la realidad no está, generalmente, a la altura del ideal. La bebida, la negación y la deformación de la realidad son actividades que con frecuencia se mantienen hasta la muerte de uno de los progenitores, o de ambos. Muchos hijos adultos de padres alcohólicos se aferran a esa esperanza de que su vida familiar se convertirá mágicamente en el cuento de hadas con final feliz y todo, pero para lo único que puede servir esta esperanza es para encaminarlo a uno a una estrepitosa caída.
Así lo descubrió Glean, de manera particularmente dolorosa: Hace más o menos un año, papá me dijo por primera vez que me quería. Yo le di un abrazo y se lo agradecí, pero, no sé por qué, eso no me compensó todos los años en que me estuvo diciendo que yo era una mierda.
Glenn consiguió finalmente su tan esperado «te amo», pero no era suficiente, lo dejó con una sensación de vacío. Era pura verbalización, sin acción. Su padre seguía bebiendo. El error de Glenn era que estaba esperando que el padre cambiara.
Si usted es hijo adulto del padre o una madre alcohólica, la clave para hacerse cargo del control de su vida es recordar que usted puede cambiar sin que sus padres cambien. Su bienestar no tiene por qué depender de sus padres; usted puede superar los traumas de su niñez y el poder que éstos tienen sobre su vida de adulto, aunque sus padres sigan siendo exactamente como han sido siempre. Basta con que usted se comprometa a hacer el trabajo. SUSAN FORWARD


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miércoles, 7 de octubre de 2015

Hambre de amor.

La frustración del deseo de un niño de ser amado como persona y de que acepten su amor es el mayor trauma que puede sufrir una criatura. Los padres de una familia con problemas no pueden ofrecer a sus hijos lo que necesitan, porque ellos mismos están demasiado necesitados.
JOHN BRADSHAW



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