martes, 9 de agosto de 2016

lunes, 8 de agosto de 2016

viernes, 5 de agosto de 2016

Trauma transgeneracional

Los traumas que no han podido superarse pueden tener un efecto en las generaciones posteriores. Esto lo sabemos a raíz de las investigaciones que se realizaron a los hijos y nietos de victimas del Holocausto.
Esta transmisión a los hijos se materializa a través de la introyección de aquellos padres traumatizados. Katherina Drexler



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jueves, 4 de agosto de 2016

Mentimos a los demás y nos mentimos a nosotros mismos.

Que nuestra propia conciencia y nuestro sentido de realidad pida cuentas a nuestra adaptación, a –nuestro mapa- puede ser tan legítimo y doloroso como cualquier petición de responsabilidad dentro de la sociedad. de las innumerables mentiras que la gente suele decir, dos de las más comunes, potentes y destructivas son. “Queremos a nuestros hijos” y “Nuestros padres nos quieren”. Puede ser que nuestros padres nos quieran y que nosotros queramos a nuestro hijos, pero cuando no es así la gente llega a extremos extraordinarios para no admitirlo.
Yo suelo decir que la psicoterapia es el <juego de la verdad> o <el juego de la sinceridad> porque una de sus finalidades es ayudar a los pacientes a afrontar esas mentiras. Una de las raíces de la enfermedad mental es invariablemente un circuito cerrado de mentiras que nos han dicho y que nos hemos dicho a nosotros mismos. Sólo en una atmósfera de máxima sinceridad pueden descubrirse y extirparse esas raíces. Para crear esa atmósfera es esencial que los terapeutas tengan una capacidad total de apertura y veracidad en sus relaciones con los pacientes. ¿Cómo puede esperarse que un paciente soporte el dolor de afrontar la realidad si nosotros no somos capaces de soportarlo? Podemos guiar solamente si vamos delante. (fuerte y real, no implica perfección, no existe ni existirá nadie perfecto!, pero si un trabajo continuo con nuestras propias sombras e imposibilidades, enfrentar la verdad en profundidad) M. Scott Peck


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miércoles, 3 de agosto de 2016

Liberar las emociones reprimidas paulatinamente

Permitiendo que mi cuerpo hiciera lo que él necesitaba hacer sin detener el temblor mientras rastreaba las sensaciones del interior de mi cuerpo, fui capaz de permitir y contener las emociones extremas de supervivencia de rabia y terror sin resultar abrumado. 
Debe comprenderse que la contención no es represión; más bien es construir un vehículo más grande y más resiliente para dar cabida a esas emociones difíciles. Peter Levine



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martes, 2 de agosto de 2016

Existe una diferencia cualitativa entre la persona y el patrón angustioso.

1-El patrón es un fenómeno parasitario que puede ser separado de la persona real. 
2-Toda la gente es buena excepto cuando sus patrones les
impulsan a actuar de otra manera.
3¬Debe alentarse toda forma de desahogo en lugar de reprimirlo. (desahogo no implica dañar a los demás o sí mismo)
4-Los sentimientos no son una buena guía para la acción. La
lógica sí lo es.(los sentimientos indican que algo pasa la lógica evalúa la situación de manera realista)
5-“Si se toma en cuenta la situación completa todo ser humano, en todo momento de su vida, hizo siempre lo mejor que él pudo hacer y no merece ni culpa ni reproche de nadie, incluido él mismo. Esto en especial es verdadero/a de ti. (hay que diferenciar culpar de exteriorizar las emociones y sanar, culpar es venganza y victimizarse, en cambio liberar las emociones y trabajar en nuevos aprendizajes es el camino de un adulto que busca integrarse)
6- Existe por lo menos una solución elegante para cualquier problema real. (tenemos el potencial para resolver los problemas, somos creativos, empáticos, y resiliente, a pesar de que cuando estamos bajo un patrón de angustia no lo creamos así!)

lunes, 1 de agosto de 2016

Alice Miller

Así, por ejemplo, Robert, de treinta y un años, no podía, cuando niño, estar triste ni llorar sin sentir que iba sumiendo a su querida madre en una atmósfera de infelicidad y de profunda inseguridad, pues la «alegría serena» era la cualidad que a ella le había salvado la vida en su niñez. Las lágrimas de sus hijos amenazaban con romper su equilibrio. Sin embargo, ese hijo sensibilísimo sentía en sí mismo todo el abismo oculto tras las defensas de aquella madre, que de niña había estado en un campo de concentración y jamás le había mencionado este hecho. Sólo cuando el hijo se hizo mayor y pudo hacerle preguntas, ella le contó que había estado entre un grupo de ochenta niños que tuvieron que ver cómo sus padres eran conducidos a la cámara de gas. ¡Y ninguno de aquellos niños había llorado! Durante toda su infancia, el hijo había intentado ser alegre y sólo podía vivir su verdadero Yo, sus sentimientos y premoniciones, a través de perversiones compulsivas que, hasta el momento de la terapia, le habían parecido extrañas, vergonzosas e incomprensibles.
Estamos totalmente indefensos frente a este tipo de manipulación durante la infancia. Lo trágico es que también los padres se hallarán a merced de este hecho mientras se nieguen a contemplar su propia historia. Sin embargo, en la relación con los propios hijos se perpetúa inconscientemente la tragedia de la infancia paterna cuando la represión sigue sin resolverse. Alice Miller




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