lunes, 18 de julio de 2016

Alñice Miller: El valor de la indignación

»Las personas que hayan descubierto su pasado, que hayan aprendido en la terapia a esclarecer sus sentimientos y analizar sus verdaderas causas, no estarán ya sometidas a la compulsión de descargar su ira sobre seres inocentes para así ahorrársela a quienes se hubieran hecho merecedores a ella. Estarán en condiciones de odiar lo aborrecible y amar lo que sea digno de amor. Ya que se atreven a averiguar quién ha merecido su odio, podrán orientarse en la realidad sin ser víctimas de la ceguera del niño maltratado, que no puede hacer daño a sus padres y, por lo tanto, necesita chivos expiatorios. El futuro de la democracia depende de este paso adelante del individuo. Apelar al amor y a la razón será inútil mientras estos pasos para esclarecer los sentimientos sigan siendo obstaculizados. Es imposible combatir el odio con argumentos; hay que comprender su origen y utilizar un instrumental que permita su desaparición. Alice Miller


Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


desplegar@hotmail.com







jueves, 14 de julio de 2016

“Era lo que pudiera decirse una chica mala”

, dijo Eleanor valientemente, tratando de no llorar pero al mismo tiempo obviamente sobrecogida por la vergüenza de haber tenido que admitir su sensación de “maldad” a su terapeuta. “No sé como mis pobres padres pudieron aguantarme. Yo era todo un caso, ¡de verdad! Pero ¿tenemos que repasar todo eso? En realidad no tengo muchos recuerdos. De todas maneras, ¡estoy aquí para tratar mis ataques de ansiedad, no mi niñez! Eso se acabó”. Su perturbada madre la aporreaba periódicamente durante su adolescencia, y constantemente la acusaba, desde los diez años, de ser promiscua, llamándola “prostituta” o “puta” comparándola con sus “buenas” hermanas. En realidad, Eleanor era una joven altamente moral que permaneció virgen hasta su matrimonio a los diecinueve. Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman



Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


desplegar@hotmail.com






miércoles, 13 de julio de 2016

Adolescentes

“Nuestra tarea es la de animarlos a estar orgullosos de sus esfuerzos y la de insistir en correcciones de curso pero sólo cuando sea absolutamente necesario. Un aliado mantiene buena comunicación y se mantiene fiel y disponible para dar una mano. Un aliado se mantiene alerta para detectar situaciones que podrían convertirse en dificultades. Pero un aliado sólo entra en acción cuando se le pide o existe un peligro obvio”
“Para invitar a nuestro hijo a que nos tenga confianza, es necesario estar atentos, tener un cierto grado de disponibilidad. Para los padres que no están tan ocupados, esto significa pasar tiempo con ellos. Para los padres que sí están muy ocupados significa el compromiso de no estar ocupados durante un determinado tiempo tan a menudo como les sea posible. Este tiempo con nuestro adolescente puede ser viendo el programa de televisión que a él le gusta, o acostarse a leer en el cuarto de su hija mientras ella hace su tarea. Puede significar el estar con nuestra hija en el baño para ver cómo hace su peinado o cómo se pone maquillaje o mostrar interés por el nuevo CD de nuestro hijo” Patty Wipfler



Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


desplegar@hotmail.com



Falta de Disponibilidad Parental.

La falta de disponibilidad parental se refiere a la disponibilidad emocional – la habilidad de tener conversaciones acerca de sentimientos. Muchos sobrevivientes dirán no haber tenido nunca conversaciones profundas con sus padres. Que los padres “hacían cosas” por ellos (como transportarlos, darles cosas o comprárselas), pero si realmente querían o necesitaban hablar de sus sentimientos, la conversación rápidamente se convertiría en una sesión de consejos (haz esto, haz lo otro), una pelea (tú debiste haber hecho esto o lo otro), o negación (tú no te sientes deprimido, estás hambriento y cansado; las cosas estarán mejor mañana). Los padres estaban siempre “demasiado ocupados” para hablar. Y, por supuesto, los niños podían constatar como los padres estaban ocupados, haciendo cosas por los niños, o la familia o el trabajo. Por lo que si los niños se sentían resentidos, era porque eran egoístas, estaban equivocados o de mal humor. Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman



Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


desplegar@hotmail.com






lunes, 4 de julio de 2016

Alice Miller, el perdón de las injusticias padecidas.

Hay que perdonar las injusticias padecidas, dice la religión: sólo entonces seremos libres para amar y quedaremos libres de odio. Esto es en sí mismo correcto, pero ¿dónde encontrar el camino hacia el verdadero perdón? ¿Puede hablarse de perdón si a duras penas sabemos lo que realmente nos hicieron y por qué nos lo hicieron? Y sin embargo en esta situación nos hemos visto todos cuando éramos niños. No podíamos comprender por qué nos humillaban, abandonaban y amenazaban […] Más aún, ni siquiera nos permitían darnos cuenta de todo lo que nos hacían, porque nos elogiaban esos malos tratos como medidas necesarias para nuestro bien. Ni el niño más perspicaz podrá captar semejante mentira si procede de los labios de sus queridos padres, quienes, después de todo, también le muestran otras facetas entrañables. Creerá que el tipo de tratamiento que le aplican es realmente correcto y bueno para él, y no les guardará rencor por ello. Solo que, cuando sea adulto, hará lo mismo con sus propios hijos para demostrarse a sí mismo que sus padres actuaron debidamente con él. Alice Miller


Facebook: Sebastián Segui (Psicología)


desplegar@hotmail.com





viernes, 1 de julio de 2016

Nacer, morir,nacer, morir, nacer....movimiento constante de cambio y transformación

La meditación, el “hacer” meditativo, es el carácter pasivo. Meditación viene de meditari: ser conducido hacia el centro. La actitud que se ajusta al ejercicio de meditación consiste, pues, en dejar que la Gran Ley (movimiento y transformación) obre en uno mismo. Para obedecer conscientemente ese ley de ir y venir, que se pone de manifiesto en la respiración, el hombre ha de dejar todo lo que ha alcanzado, para que pueda hacerse presenten él una renovación, que nace de haber desaparecido lo ya devenido. Para llegar a eso es preciso que en cada respiración abandone la forma caduca del Yo, la entregue a ese fondo universal, perciba la renovación que allí se prepara (esa es la diferencia entre un niño y un adulto , darse cuenta, ser consciente de que se es consciente) y permita que esa renovación conforme con su ser, se manifieste en una forma nueva (los cambios más profundos suelen sorprendernos, son transformaciones cualitativas), forma que, apenas aparezca, deberá enseguida dejar de nuevo. K.G. Durckheim