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viernes, 22 de abril de 2016

Amar implica trabajo

. Cuando nos extendemos, cuando damos un paso adicional o caminamos un kilómetro de más, lo hacemos en oposición a la inercia de la pereza o en oposición al temor.
Trascender nuestro propio ego o vencer la pereza son formas de trabajo. Cuando superamos el miedo, decimos que hemos tenido valor. El amor es, pues, una forma de trabajo o una forma de valentía dirigida a impulsar nuestro propio desarrollo espiritual o el de otra persona. Podemos trabajar o ejercitar nuestra valentía en direcciones que no sean las que conducen al desarrollo espiritual, motivo por el que no todo trabajo ni todo acto de valor es amor. Pero, como el amor exige trascendernos a nosotros mismos, siempre representa trabajo o valor. Si una acción no es un acto de valentía, tampoco es un acto de amor. No hay excepciones. El objetivo principal del trabajo del amor es la atención. Cuando amamos a alguien le dedicamos nuestra atención; atendemos a su desarrollo.
Cuando nos amamos a nosotros mismos, atendemos a nuestro propio desarrollo.
Cuando prestamos atención a alguien, significa que nos importa. El acto de prestar atención nos exige el esfuerzo de apartar nuestras preocupaciones presentes (según hemos dicho al tratar sobre la disciplina) y de activar nuestra conciencia. La atención es un acto de voluntad, de trabajo contra la inercia de nuestra mente.M. Scott Peck



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jueves, 18 de febrero de 2016

La bondad y los límites permite la apertura emocional sanadora

Cuando el niño ha dejado de pensar bien y no existe la oportunidad de desahogar (con risa o llanto) lo que le molesta, buscará la manera de llamar la atención. Hará cosas que sabe no son razonables, se aislará o estará molesta con todo lo que usted diga o haga. Esta es la manera en la que pide que se acerque. Le está mostrando que ahorita no puede pensar bien y que usted necesita ponerle un límite. Ese límite le dará un pretexto para explotar o enfocar su frustración y deshacerse de los malos sentimientos y así volver a pensar.
Para un niño que se encuentra “descontrolado”, el límite firme pero bondadoso que usted pone es una bendición. El niño tendrá su “No” o su “Ahorita no” o su “No te puedo dejar que hagas eso” que le servirá para enfocar lo que le molesta. El “No” que usted sostiene le pone cara a las frustraciones y tensión que lo sacan de la raya. De esta manera podrá mostrar por completo lo que siente. Después de esta oportunidad se sentirá mejor y podrá conectarse con usted de la manera cariñosa que a ambos le gusta. Patty Wipfler
(el trato con nuestras propias heridas emocionales es el mismo,ser nuestro padre/madre amoroso, ponemos límite cuando aparece una emoción fuera de contexto y luego le damos lugar amorosamente cuando estamos en un buen contexto, para sentir y expresar todo lo que quedó pendiente, dar el espacio-tiempo bondadoso para sentir y expresar, lo que nos enferma es reprimir, sentir no enferma todo lo contrario nos libera)


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jueves, 11 de febrero de 2016

Nuestra responsabilidad como adultos es sanar y no repetir el ciclo transgeneracional.

SUSAN: Tú te las arreglaste para sobrevivir cargando con toda la maldad. Si cuando eras pequeño hubieras visto a tu padre como malo, ésa habría sido una visión abruma dora, aterradora. Pero ya no eres un niñito, Joe, y tienes que empezar a decirte la verdad. Y la verdad es que tu padre fue responsable en un cien por ciento del maltrato al que te sometió, de ser violento y de ser bebedor. También era en un cien por ciento responsable de haber optado por no hacer nada para resolver sus problemas y salvar a su familia. Y aunque para ti sea más consolador ver a tu madre como una víctima inocente, ella fue responsable en un cien por ciento de no haber protegido a sus hijos ni haberse protegido ella. 
En efecto, permitió que los malos tratos continuaran, y tú tienes que empezar a asignar la responsabilidad a quien corresponda.SUSAN FORWARD


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martes, 2 de febrero de 2016

martes, 26 de enero de 2016

La perdida del potencial.

Probablemente debido a la forma en que se han desarrollado las culturas y las civilizaciones humanas, solamente en raras ocasiones se recupera uno de los efectos de una experiencia de angustia. 
En su lugar, el residuo de la información, mal asimilado y derivado de una mala experiencia, permanece almacenado erróneamente. De ello resultan dos efectos importantes: 
El primero de ellos es cuantitativo. En términos sencillos: no somos tan inteligentes como lo éramos antes de que la experiencia de angustia depositara en nosotros aquel residuo de información errónea. Parte de nuestra vasta inteligencia original, “tamaño genio” se encuentra ahora obstruida, inoperante.
No es solamente que ahora haya una cierta zona de experiencia donde ya no pensemos con mucha inteligencia. Esto es cierto, pero asimismo hay un descenso general de nuestra capacidad de pensar flexiblemente, de manejar bien nuestro medio ambiente.
Este efecto cuantitativo no se nota cuando somos aún jóvenes. Por lo visto, tenemos mayor capacidad de lo que generalmente requerimos y por eso no echamos de menos la porción perdida durante nuestra juventud.
El efecto cuantitativo, sin embargo, se dejará sentir posteriormente en nuestras vidas. A medida que las varias experiencias de angustia se van acumulando y van siendo reforzadas por el proceso de restimulación (noción que será discutida luego) se podrá observar el crecimiento de la falta de capacidad de pensar. Harvey Jackins



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martes, 19 de enero de 2016

El mejor regalo a un hijo es trabajar sobre nuestra sombra

Todos nosotros, por supuesto, encontramos experiencias penosas muy temprano en la vida. Nuestra debilidad física, la falta de experiencia e información más la extremada dependencia en otros cuando somos muy jóvenes, nos hace vulnerables a ser heridos repetidamente durante este período.[..]
En nuestra civilización, sin embargo, la fuente dominante de estas lastimaduras pequeñas es, precisamente, la existencia de patrones de angustia en los adultos que nos rodean.
Un bebé se altera cuando un adulto se comporta de manera irracional y, más aun, cuando dicha irracionalidad consiste en—o es acompañada por—enojo, reproche, desvalorización, ridículo, aislamiento o violencia, como sucede usualmente; entonces, la lastimadura se hace más severa. Harvey Jackins


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lunes, 11 de enero de 2016

La Neutralidad terapéutica

Durante mi formación como psicoanalista se daba mucha importancia al hecho de que el analista debía permanecer neutral. Era parte de las reglas fundamentales que, desde los tiempos de Freud, nadie cuestionaba y todos seguían estrictamente [por ser «el padre» del psicoanálisis]. Entonces no pensé nunca que esta regla estuviese unida a la necesidad de proteger de cualquier reproche a los padres del paciente. Mis colegas parecían no tener problemas con la defensa de la neutralidad, parecían no mostrar interés por compartir y comprender las torturas de un niño que había sido maltratado, humillado y explotado incestuosamente. Pero como en sus prácticas habían sido tratados con la misma neutralidad, necesaria según Freud, no habían tenido la oportunidad de descubrir su propio dolor, que ellos mismos ocultaban. Para descubrirlo no habrían necesitado psicoterapeuta neutral, sino a un terapeuta parcial, alguien que los acompañara, que estuviese siempre de parte de aquel niño maltratado y se indignase ante la injusticia que le había sido infligida. Es necesario que el terapeuta consiga esto antes, para ayudar a que lo consiga su cliente también. El hecho es que la mayoría de las personas no saben lo que es la indignación cuando comienzan la terapia. Cuentan historias espantosas ante las que no sienten la necesidad de rebelarse, no sólo porque sus sentimientos les resultan ajenos, sino también porque no saben que existe otra clase de padres. […] En el marco de una terapia de estas características el cliente continúa atrapado en su miedo infantil y no se atreve a compartir sus emociones y a experimentar su rabia y su indignación como lo que son: una reacción normal ante la crueldad vivida. Alice Miller


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jueves, 12 de noviembre de 2015

Aprender a amar

La salud es la capacidad para amar, para trabajar, para jugar y para usar la propia inteligencia como una herramienta de precisión. Los humanos han nacido para vivir, como si vivir y amar fueran una misma cosa. Para amar hay que aprender a amar y sólo se aprende a hacerlo cuando se es amado. El afecto es una necesidad fundamental. Es la necesidad que nos hace humanos.
De ahí que una persona que no haya sido así humanizada durante los seis primeros años de su vida padezca un proceso de deshumanización que le lleva a comportamientos destructivos, aprendidos en un intento desordenado y equivocado de adaptarse a un mundo también desordenado y provocador de tensiones. De estos desórdenes surgen toda la agresividad y los enfrentamientos violentos, tanto a escala individual como colectiva. Ashley Montagu


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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Algo es absorbido desde dentro, una sensación de vacío en el corazón.

El niño herido de la infancia también contamina la vida adulta con una ligera depresión crónica experimentada como un vacío, la depresión es el resultado de que el niño tenga que adoptar un yo falso, dejando atrás su verdadero yo. Este abandono del verdadero ser equivale a dejar un hueco en el interior de uno mismo. Me he referido a esto como el fenómeno del "agujero en el alma". Cuando una persona pierde su yo auténtico, pierde contacto con sus verdaderos sentimientos, necesidades y deseos. Lo que experimenta, en cambio, son los sentimientos requeridos por el falso yo.
Por ejemplo, "ser agradable" es un componente común del falso yo.
Una "mujer agradable" nunca expresa ira o frustración.
Tener un falso yo es actuar la vida. El verdadero yo nunca está presente (como si) JOHN BRADSHAW



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